Columna LÍDEROtros

Una Bicicleta para ESNEIDER

Por Orlando Buitrago Cruz.

Muchas veces cuestioné el bambuco aquel que contiene la frase “qué orgulloso me siento de ser un buen colombiano” (“Soy colombiano”, de Rafael Godoy). Me preguntaba si eso no era como si una hiena se sintiese orgullosa por lo mal encarada que es, por alimentarse de carroña, y por aparearse solo una vez al año. Todo eso me parece terrible, pues finalmente soporto ser feo y alimentarme con corrientazos a los que solo en quincena les puedo adicionar un huevo (de gallina), pero no podría vivir apareándome solo una vez al año, de hecho, soporto a gatas el hacerlo solo una vez por semestre.

Sin embargo, por fortuna, uno encuentra gente que le da motivos para sentirse orgulloso de ser colombiano, y de tener compatriotas como ellos. Es el caso de ESNEIDER Muñoz Marín, hijo del Tolima grande, que pisa con firmeza la tierra firme, a pesar de tener una condición que en teoría se lo haría imposible (Por fortuna, gracias a Dios, y a él mismo, la teoría se quedó en eso, porque un corazón valiente construyó una realidad edificante y ejemplarizante).

ESNEIDER forma parte de la selección Colombia de ciclismo que representará al país en los juegos Parapanamericanos, en Toronto Canadá, desde agosto 7. Allí la condición de discapacidad será eclipsada por talentos solo posibles en guerreros privilegiados.

El sueño de ESNEIDER de representar a su Patria en Canadá, se puede frustrar por culpa de malos hijos de la tierra, que producen náuseas, y que tienden a volverme a enojar con el bambuco de marras. El pasado viernes cuando entrenaba para la prueba a cronómetro, fue asaltado por bestias que se llevaron su bicicleta, la cual a esta hora, ya debió haber sido cambiada por bazuco, licor y prostitutas, que son las usuales inversiones del ladrón colombiano promedio.

Me gustaría poder sentirme orgulloso de ser colombiano si entre los buenos pudiésemos conseguirle una bicicleta a ESNEIDER, para que sus metas no se frustren. Y porque no, a lo mejor estemos salvando una medalla de esas que celebramos como si hubiesen sido conseguidas con nuestras piernas, brazos y sudor, y que celebramos en la tienda de la esquina con el orgullo patrio trastabillando y la voz de victoria arrastrándose por efecto del licor.

Estoy dispuesto a sacrificar todo el menú que plantea el bambuco para un buen colombiano: estoy dispuesto a renunciar al aguardiente de caña, estoy dispuesto a renunciar a  una muchacha aperladita, morena, o una rubia de ojos claros  de suave piel montañera (aunque confieso que esta renuncia en realidad  se debe a que mi LUZ STELLA, es mucho más bella que ellas)…

Estoy dispuesto a renunciar a todas la bellezas del Bambuco, si aparece una solución para que un deportista colombiano pueda recuperar la bicicleta que le permitirá correr tras la gloria (solo alguien con su tesón puede hacerlo. Yo por ejemplo, no sé lo que es correr tras la Gloria, pero si supe lo que era ser perseguido por Gloria Alvarado, después de que se me fue la mano jugando al beso robado).

Me sentiría muy orgulloso de ser colombiano si las autoridades capturaran a los ladrones y si un juez de garantías se abstiene de darles un baño turco por cárcel, o de dejarlos libres para una próxima oportunidad.

No se deja de reír cuando se envejece, se envejece cuando se deja de reír, y si recuperamos la sonrisa de otro, puede ser hasta rejuvenecedor. Sería un logro de esos que llegan al alma el conseguir una bicicleta para ESNEIDER. (La única ficción de este artículo es Gloria Alvarado). Un abrazo.

Orlandobuitrago10@gmail.com

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