La grandeza de la sencillez.
La luna se escondía y el sol asomaba en la eterna lucha de la noche del sábado que se niega a acabar y un domingo que pugna por nacer. A miles de kilómetros de nuestras casas dos gladiadores que parecen salidos de una película se enfrentaban una vez mas ; Novak Djokovic, el talentoso serbio que de niño vio como su madre patria Yugoeslavia se despedazaba en medio de una guerra fratricida entre hermanos y Rafa Nadal un hidalgo quijote español iniciaban su opera prima de tenis.
El juego inició y el tiempo fue derrotando al sueño, que se fue para cualquier parte, dando paso a la emoción alimentada en una mezcla de admiración e incredulidad con cada bola, revés o saque que retumbaban en medio del grito de dolor que salía de sus gargantas. Una hora, dos, tres, cuatro, cinco…. ¿es que no van acabar nunca ? ¡Qué cansancio!……. La respiración se contenía en cada jugada de este el partido más largo en la historia de los Grand Slam, cinco horas y cincuenta y tres minutos de drama y suspenso. Partido épico, que pudo ganar cualquiera…. al final lo más justo hubiese sido declararlos ganadores a ambos, ¡pero el tenis no admite empates! y ganó el serbio que suma ya tres títulos de Grand Slam consecutivos.
La memoria de nosotros humildes mortales, repite una y otra vez en cámara lenta la última bola, ese match point, Djokovic respondió la jugada n-mil del juego cruzando el campo de batalla con un misil encendido lanzado por una catapulta que buscaba derribar el castillo español, la expresión de angustia de Nadal dejaba claro que perdía una vez mas frente a su bestia negra…. Y así fue. Djokovic dejaba caer su cansancio corporal al piso rindiendo al mundo a sus pies. Su grito final fue una mezcla de todo …..cansancio, rabia, alegría y orgullo en ese coctel maravilloso del triunfo.
Todo fue increíble, el partido, el tiempo de duración y el final cuando los dos guerreros superaron su cansancio para hacer del espectáculo de cierre algo memorable, soportaron el protocolo, (cuantas ganas tuvimos de facilitarles una silla), cuantos deseos locos para que los liberaran y se fueran a dormir…pero no, allí estaban estoicamente de pie agradeciendo y aplaudiendo a la organización, dedicándole el triunfo a su gente, Djokovic a ese pequeño país Serbia y Nadal a esa península que le agradece con orgullo por ser español!
Las palabras del uno, reconociendo los méritos de su contendor fueron emocionantes, el agradecimiento a todos, organizadores, espectadores, patrocinadores y recogebolas fue alucinante; sin lágrimas, ni aspavientos, sin poses con la sencillez y calidez de los grandes, estos dos monstruos nos dieron una clase de glamour y respeto por el deporte.
¡Qué lección inolvidable, qué experiencia para nosotros tan acostumbrados a la chabacanería y el mal gusto!
RafaV




















