Javier Hernández Bonnet es una de las voces más importantes del periodismo deportivo colombiano; de esas que han marcado época. Setenta y dos años.
Una carrera que sobrevivió al bullying, a los egos, a las modas y a los ciclos de un periodismo que cambia de piel cada década. Bonnet, muy sereno, asegura que construir a partir del hostigamiento no es perdurable. La permanencia se gana con respeto, oficio y capacidad de leer las señales.
En esta conversación, Hernández Bonnet abre el archivo completo. Habla de su carrera desde adentro, de los años que formaron su voz y su criterio, de la amistad con Zubeldía que le daba detalles exclusivos para destacar ante la competencia. De Pékerman y esa escuela mixta que combinó el lirismo heredado del fútbol rioplatense con la solidez táctica que Zubeldía sembró en Colombia, incluso en la manera de declarar y proteger a sus equipos frente a la prensa.
Fue jefe de prensa de la Selección Colombia en el Mundial de Estados Unidos 94, posición que le da una codiciada autoridad que pocos tienen para hablar de lo que realmente ocurrió en aquel certamen y de la selección en general. Es preciso: "los egos nos desbordaron", "había nómina pero no había familia", "no se quieren, compiten con la camiseta pero compiten entre ellos". Palabras que retratan el 94 como si se tratara de algunos vestuarios del presente.
Habla del Bolillo Gómez con delicadeza y, cuidando a su amigo sin perder la honestidad, cuenta cómo el técnico pensó en atentar contra su propia vida y cómo fue que una entrevista se convirtió en el puente para comenzar a reconstruir su imagen. Darle la mano a los amigos en los momentos oscuros también es periodismo.
Una conversación tan colombiana que nos retrata, nos dibuja y nos explica.